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El papel de las universidades en la transformación energética

10 septiembre 2022 | Columna | El Espectador

El pasado 7 de septiembre se conmemoró el “Día Internacional del Aire Limpio”. Este ejercicio, impulsado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), busca, a través de la cooperación internacional, generar conciencia sobre la gravedad de la contaminación atmosférica y su incidencia en el cambio climático. El proyecto más ambicioso de la ONU en esta línea son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los 5 ODS de medio ambiente pretenden: agua y saneamiento sostenible para todos; energía asequible y no contaminante; acciones urgentes para mitigar el cambio climático; conservación de la vida marina y submarina, y protección de los ecosistemas terrestres. Estos Objetivos se complementan con otros 12 que se espera sean alcanzados en 2030.

En mayor o menor medida, los Estados del mundo han puesto en marcha estrategias convergentes con los ODS en materia ambiental y energética. Entre ellas podemos citar, por ejemplo, los acuerdos emanados de la Vigesimosexta Conferencia de las Partes-COP26 y lo plasmado en el Acuerdo de París.

Aunque la emisión de gases de efecto invernadero en Colombia es residual comparada con el resto del globo (tan solo representa el 0,37% de las emisiones a nivel mundial¹), nuestro país ha suscrito compromisos en los escenarios previamente mencionados que le obligan a actuar rápida y decididamente en la transformación energética, desde la generación de energía eléctrica con fuentes limpias y renovables (hidroelectricidad, radiación solar, velocidad del viento, biomasa, biogás e hidrógeno) hasta el uso eficiente de la energía en los diferentes sectores de consumo.

El año pasado el gobierno anterior señaló que “Colombia reduciría al 51% sus emisiones a 2030″². Este gobierno ha sido enfático en la importancia que tendrá un nuevo modelo económico que derive de la necesaria transformación energética hacia energías limpias y que permita impulsar una nueva economía industrial que sea sostenible y garantice el desarrollo y bienestar de todas las comunidades y territorios³.

A menos de ocho años de cumplirse el plazo de la meta trazada por Naciones Unidas, y comprendiendo la importante apuesta de Colombia en esta materia, como universidades debemos preguntarnos: ¿Cuál es nuestro papel en el proceso de transformación energética?

El nuevo conocimiento que construyamos en nuestros campus tendrá un papel crucial en el rediseño de la matriz energética. La transformación que necesitamos como humanidad se sustenta en dos pilares: el tránsito hacia las energías limpias y el consumo más eficiente de energía. Las fechas límites son muy cercanas y la descarbonización acelerada de nuestros sistemas de producción energética requiere la participación de toda la sociedad. Las universidades, por nuestra vocación como gestoras sociales del conocimiento, estamos llamadas a participar en el liderazgo colectivo que demanda este proceso de transformación, aportando educación, ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento.

La innovación disruptiva, elemento crucial para los grandes cambios sociales, proviene de la generación de nuevo conocimiento, fruto de las investigaciones que hacemos en nuestros campus. Las universidades tenemos un compromiso con el diseño de propuestas de política pública para que los hacedores de estas políticas tomen decisiones informadas sobre bases científicas. También tenemos el compromiso social de formar una opinión pública que transforme los hábitos de consumo y, en últimas, las formas de vida.

Las nuevas investigaciones en materia energética pueden catapultar innovaciones en nuevas tecnologías, modelos de interacción del usuario final con el sistema eléctrico nacional, estrategias de integración con las tecnologías 4.0 que garanticen mayor eficiencia en el consumo y cambios en el proceso de generación energética que permitan reducir el impacto climático.

La incidencia de la ciencia y la investigación en la innovación social y tecnológica es un fenómeno que está presente en nuestras vidas desde la revolución industrial. Esta cadena de conocimiento soporta lo que conocemos como Sistemas Nacionales de Innovación (SNI), conformados por las comunidades, el sector productivo, el Estado, las universidades y demás centros de investigación y desarrollo. Estos actores estamos presentes en el nivel nacional, regional y local. Debemos alinearnos para hacer realidad nuestros propósitos comunes.

Cabría preguntarse ahora: ¿Qué debemos hacer como comunidades universitarias para cambiar nuestras prácticas internas y contribuir al cuidado de nuestra casa común?

La respuesta es clara: poner en nuestro horizonte de acción la sostenibilidad y la sustentabilidad. La Universidad Nacional de Colombia ha avanzado en esta materia a través del Plan de Acción Estratégica Institucional 2034. Diseñamos una hoja de ruta a 12 años que garantizará que nuestros espacios universitarios sean un “Ecosistema de Campus y Campos sustentables”. Queremos poner nuestros campos de conocimiento académico al servicio de la configuración de nuestros campus y de programas nacionales como espacios de vida y de pensamiento, investigación, educación y gestión ambiental, que sirvan como pulmones de nuestras ciudades y contribuyan a combatir el cambio climático. Con ello pretendemos lograr la articulación de nuestras capacidades de investigación para reducir la huella de carbono y participar activamente en la transición energética.

*Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

¹ Tomado de: http://www.cambioclimatico.gov.co/gases-de-efecto-invernadero

² Tomado de: https://www.larepublica.co/economia/colombia-reducira-en-51-la-emision-de-gases-efecto-invernadero-para-el-ano-2030-3255637

³cTomado de: Programa: “Colombia Potencia Mundial de la Vida”

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