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Acuerdo por la ciencia, la tecnología y la innovación

En los últimos días el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) y el Departamento Nacional de Planeación dieron a conocer el documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) que propone la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación –CT&I 2021–2030. El objetivo que se propone esta política es el de “incrementar la contribución de la ciencia, la tecnología y la innovación al desarrollo social, económico, ambiental y sostenible del país, con un enfoque incluyente y diferencial”. La presentación de este documento, que está abierto a recibir aportes, ofrece una oportunidad para compartir con los lectores algunas apreciaciones sobre el tema.

Este CONPES recoge algunos antecedentes y experiencias previas de políticas, programas y proyectos que se han propuesto para fomentar la CT&I en Colombia. Vale la pena hacer una reflexión en torno a los esfuerzos que como país hemos hecho para así, sobre los aprendizajes, asumir los cambios que requiere nuestra política de CT&I.

Como lo reconoce el mismo documento, hasta ahora nos ha caracterizado una baja inversión en ciencia, tecnología e innovación. En promedio invertimos el 0,27% del PIB, mientras que los países de la OCDE tienen un promedio de inversión de 2,4% y los países latinoamericanos del 0,8% en CT&I. Esto denota un bajo interés, tanto público como privado, por la generación de nuevo conocimiento. Otro elemento que resulta revelador, en este caso frente a la desarticulación de actores y esfuerzos, es que solo un 20% de los centros de ciencia del país establece relaciones con las organizaciones del sector productivo y apenas un 13% se relaciona con organizaciones comunitarias, según datos del Minciencias.

En el Índice Global de Innovación nos ubicamos en el puesto 67 de 126 países evaluados en el mundo, los primeros lugares los detentan países que, en general, han logrado mayores niveles de desarrollo económico y de bienestar para sus poblaciones, en buena medida gracias a una relación estrecha con el conocimiento. Es conocido que el porcentaje del PIB invertido en CT&I, las publicaciones en revistas científicas internacionales y la generación de patentes son indicadores que expresan el desarrollo de un país. El conocimiento es hoy la principal fuente del bienestar de las sociedades y la riqueza de las naciones. Así lo asumimos también los colombianos. La mayor parte de nuestra población tiene una alta valoración de la CT&I, pese a los bajos niveles de desarrollo y apropiación social de esta.

La confianza de la población en el potencial del conocimiento para transformar su realidad ha sido recogida en el informe de la Misión Internacional de Sabios 2019. La Misión hizo un gran esfuerzo de reflexión y construcción de una agenda común que, además de señalar la necesidad de incrementar el aporte de la CT&I, trazó una hoja de ruta para transformar a Colombia.

Esta propuesta define las potencialidades y características diferenciales que, como país, nos pueden hacer más competitivos, equitativos y sostenibles. Dentro de sus tres retos y cinco misiones se ubican ejes fundamentales como la bioeconomía, las economías creativas, el agua, el cambio climático, las energías limpias, la educación de calidad para la equidad y el desarrollo humano y la construcción de un modelo productivo, competitivo y sostenible. Misiones que proponen planes de trabajo con propósitos, valores y acciones con indicadores cuantificables que nos involucran a todos como país.

Un elemento que ha sido característico de lo que tenemos en CT&I es la existencia de sistemas y subsistemas separados que se solapan, que han demostrado una baja articulación entre los actores y que llevan, por ejemplo, a la duplicación de funciones y al uso ineficiente de los recursos, tal como lo presenta el diagnóstico hecho en el CONPES. La mejor solución sería la construcción de un único Sistema Nacional de Innovación que articule a las universidades y centros de investigación responsables de la formación y la gestión del conocimiento, a las instituciones del Estado responsables de la coordinación, la vigilancia y el fomento, a las empresas responsables del escalamiento industrial y a las comunidades organizadas que deben ser el principio y fin del Sistema. Un sistema de estas características, con los mismos actores, articulados en los niveles nacional, regional y local, garantizará la producción de innovaciones sociales y tecnológicas que nos harán más competitivos y nos llevarán a vivir mejor.

La financiación escasa ha sido uno de los principales obstáculos al desarrollo de la CT&I en el país. El informe de la Misión Internacional de Sabios también plantea una serie de propuestas frente a los compromisos que se debieran asumir al respecto. Es necesario que haya una clara política pública dirigida y coordinada desde el Estado y soportada en una mayor inversión pública y privada.

Otro aprendizaje que nos han dejado la reflexión y la experiencia es que el conocimiento que no se apropia es como si no existiera. Por ello vale la pena aprovechar la discusión de la política propuesta en el CONPES de CT&I 2021-2030 como una oportunidad para poner en el centro de la agenda nacional la construcción de un gran acuerdo por la ciencia, la tecnología y la innovación. Cuenten con la Universidad Nacional de Colombia para impulsar y construir este gran acuerdo.

@DollyMontoyaUN

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.