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Mujeres: oportunidad de un nuevo liderazgo

Han llegado a Colombia las primeras vacunas contra la Covid-19 y se ha iniciado su aplicación, pero la pandemia sigue siendo una realidad, el virus tardará en irse y tardará aún más la superación de sus negativos efectos sociales. Sin embargo, como ya he sugerido antes, la pandemia y sus experiencias siguen siendo una oportunidad de reflexión que debe derivar en acciones que, a su vez, transformen nuestras realidades. Hoy, con ocasión de la próxima conmemoración del Día Internacional de la mujer quiero invitar a una reflexión a propósito de un nuevo liderazgo.

Desde hace un año el mundo ha puesto su esperanza de solución a la actual crisis en el personal de la salud, por el indudable valor de su función en la lucha contra la pandemia. Sin embargo, algo que no ha sido mencionado es que la gran mayoría del personal en el que estamos confiando nuestra salud alrededor del mundo son mujeres. Solo en América Latina las mujeres representan el 73% del personal de enfermería, según la CEPAL. En Colombia, la relación que se presenta en personas con formación en las áreas de la salud es de 3,4 mujeres por cada hombre.

A esa realidad habría que sumar el hecho de que la gran mayoría de estas mujeres, como casi todas, también tuvieron a su cargo la responsabilidad de las tareas del hogar durante la pandemia. Así lo demuestra el Observatorio para la Igualdad de Género en América Latina y el Caribe. Mientras los hombres en países como Colombia tienen 11 horas de trabajo no remunerado, la mujeres llegan a más de 32 horas de oficios no remunerados cada semana.

Un tercer dato, esta vez de la Organización Panamericana de la Salud, revela que, del 100% de los hogares colombianos, el 32% son hogares monoparentales a la cabeza de la madre, mientras solo el 3% están en cabeza del padre.

Estos números dan cuenta de la construcción de un mundo binario que ha encargado a las mujeres, vía relaciones de poder, de las tareas del cuidado. Esta misma relación de poder ha desconocido la importancia esencial del cuidado, que la pandemia ha puesto de presente. Desde siempre la sociedad ha estado fundada en el cuidado y la ética del cuidado es esencial en la construcción de un mundo en paz donde se reconozca la dignidad de todas las personas. El cuidado es el arma que nos permite hoy enfrentar el riesgo de la pandemia, manteniendo el principio de la defensa de la vida. Las Naciones Unidas reportaban que para 2020 menos del 10% de todas las naciones del mundo se encontraban lideradas por mujeres. Esos países, Nueva Zelanda, Islandia, Alemania, Dinamarca, entre otros, han sido precisamente los que han reportado el mejor manejo de la pandemia. Esto no es extraño porque nosotras sabemos construir y desarrollar relaciones de cuidado.

Así como la pandemia hizo visible la labor del personal de la salud, también ha hecho crecer y ha hecho más visible la desigualdad entre las sociedades y entre los países. Ha hecho patente la necesidad de cambiar un modelo de desarrollo que no resuelve los problemas del hambre y la inequidad y que amenaza con nuestra propia destrucción como sociedad.

La pandemia ha hecho necesario y urgente pensar en colectivo. Nadie se salva solo. La responsabilidad individual en las medidas de autoprotección y autorregulación resultan claves en el éxito o fracaso colectivo del cuidado frente al virus. El logro de los tratamientos paliativos, y ahora de las vacunas, ha sido el resultado, como prácticamente todo en el conocimiento, de procesos de construcción colectiva en donde unos y otros van sumando saberes y experiencias en pro de propósitos comunes.

El liderazgo, tradicionalmente concebido de un modo egoísta y personalista, competitivo, es posiblemente el responsable de encumbrar para la historia algunos pocos rostros mientras hacía invisible a la inmensa mayoría, desconociendo el valor de sus oficios y de sus aportes a la construcción del mundo social. El mundo de hoy, que necesita superar la crisis social, económica, ambiental y cultural que sufríamos antes de la pandemia y que ahora es más aguda, necesita de un liderazgo diferente, un liderazgo colectivo, construido desde el reconocimiento del otro, desde la cooperación, desde la riqueza de la diversidad.

Para superar la pandemia y superar la crisis debemos seguir cuidando de nosotros mismos y de los otros, debemos cuidar de nuestra comunidad, debemos cuidar del medio ambiente. Las mujeres, si no por esencia, sí por experiencia, tenemos un gran papel que cumplir en la construcción de un mundo distinto, en donde el cuidado salga del anonimato y se convierta en liderazgo colectivo, un nuevo mundo y una nueva realidad más justa y menos violenta para nosotras y para todos.

@DollyMontoyaUN

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.