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La formación universitaria, más allá de las aulas

Del 17 al 21 de septiembre tuvo lugar, en la Universidad Nacional, la Semana Universitaria, cinco días en los que se celebra la fundación de la Universidad, que proviene de mediados del siglo XIX. En la Semana Universitaria se abren espacios de reflexión sobre nuestro quehacer como universidad pública y se reconocen los esfuerzos del personal académico y administrativo que día a día hace que la Universidad Nacional sea lo que es: el más importante proyecto cultural y colectivo de la nación.

Entre los homenajeados, dos mujeres fueron las protagonistas en nuestra celebración: la reconocida investigadora social y pionera de los estudios sobre la mujer en Colombia Magdalena León Gómez, quien recibió el doctorado honoris causa, una de las mayores distinciones que una universidad puede entregar, y la socióloga Luz Teresa Gómez de Mantilla, que tiene como campo de investigación el papel del arte en nuestro desarrollo como sociedad. La profesora Gómez fue reconocida como gran maestra de la Universidad mediante la orden Gerardo Molina.

Estas actividades de reconocimiento, siempre complementadas con una rica programación cultural, hacen de la Semana Universitaria un espacio más que propicio para recordar y refrescar en la conciencia colectiva del país el carácter que todas nuestras universidades públicas han de desarrollar, como el sello que define a nuestras comunidades universitarias. Quiero que seamos plenamente conscientes del sello propio de la universidad pública colombiana, nuestra forma de ser y de actuar como comunidades ilustradas con conciencia social.

Entendemos el sentido de la universidad pública como la generadora de una vivencia en la ciencia y la cultura, como lo ha planteado un exrector de la Universidad Nacional, el doctor José Félix Patiño.

Es decir que la educación en la universidad pública no es una simple preparación en un área del conocimiento que se certifica con un título profesional al completar los requisitos; es más bien la formación para la vida, formación del ser humano autónomo que es capaz de construir su destino y que como ciudadano asume sus responsabilidades con él mismo y con los demás, pues es consciente de que cada uno depende y se complementa en el otro. Como he insistido anteriormente, cada vida es una red de relaciones con los demás.

Vista así, la educación como formación de ciudadanos autónomos y libres que aportan sus capacidades, sueños e intereses para construir una mejor sociedad es evidentemente un asunto público que nos involucra a todos en un proyecto común. En otras palabras, la misión de las universidades estatales del país no es otra que la de formar ciudadanos para construir el tejido social de nuestras diversas comunidades como un proyecto intercultural de nación. En este sentido y con esta finalidad, todos los campus universitarios deben convertirse en ambientes adecuados para el pleno desarrollo de la vivencia universitaria, pues han de ser laboratorios de formación ciudadana, desde la cultura, la ciencia y la innovación, porque la formación universitaria está más allá de las aulas y es una vivencia permanente que se ha de considerar desde distintos y complementarios aspectos:

a. En la universidad como vivencia todas nuestras comunidades universitarias tienen la oportunidad de entender y asumir con plena responsabilidad su formación como ciudadanos, siendo conscientes de que es solo a partir de la diversidad de opiniones y pensamiento como se construye en comunidad, con equidad y sin exclusión.

b. La universidad como vivencia nos permite reconocernos como ciudadanos y como seres humanos vinculados a los demás, mediante lazos de solidaridad y de preocupación por el otro.

c. En la universidad como vivencia se ejerce nuestra autonomía, que no es otra cosa que actuar en coherencia con nuestros objetivos ciudadanos, mediante el ejercicio responsable de nuestra libertad, construyendo en democracia.

d. La formación para la vida en medio de una vivencia cultural y científica fomenta la cooperación, superando el enfoque clásico de la competencia, pues es en la cooperación donde el humanismo se expresa, un nuevo humanismo que en lo público fomenta la participación, la construcción mancomunada, es decir, la democracia.

e. La universidad como vivencia se construye a partir del diálogo y la comunicación, al reconocer al otro y hacerlo participe de nuestro proyecto cultural y académico. La calidad del diálogo influye en la confianza mutua y, por tanto, en la calidad de nuestra convivencia.

f. La universidad como vivencia nos plantea la idea de una institución cultural viva, en donde la formación de la persona se ejerce bajo marcos humanistas, desde los que podemos armonizar las ciencias, la tecnología y los procesos de innovación continua.

Por supuesto, hacer academia y formar ciudadanos mediante una vivencia cultural y científica implica que como profesores y funcionarios públicos tengamos una gran responsabilidad. En este sentido, el profesor debe ser acompañante del estudiante en sus procesos de maduración como ciudadano y como ser humano ético, autónomo y libre. La misión del profesor es, entonces, construir junto con el estudiante una enriquecedora experiencia en donde el conocimiento y la cultura le permitan al estudiante dejar de ser discípulo para convertirse en conciudadano de su antiguo maestro.

Como profesores y servidores públicos debemos renovar nuestra vocación a diario, con alegría, con mérito y con amor propio, porque esta vocación de acompañar en la formación es la que nos define en la vivencia universitaria.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN