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Autonomía universitaria: el ejercicio de la responsabilidad y la libertad

La Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL) es una organización que promueve la cooperación, integración, fortalecimiento y movilidad entre más de 500 instituciones de educación superior (IES) de nuestra región. Uno de sus pilares, desde su fundación en 1949, ha sido la promoción y defensa de la autonomía universitaria. En consecuencia, y como parte de la celebración del 90° aniversario del reconocimiento de la autonomía universitaria a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se realizó el pasado 15 y 16 de agosto un seminario entre rectores y rectoras de diversas IES latinoamericanas para adelantar reflexiones y propuestas en torno a la autonomía universitaria. Quiero presentar hoy parte de la reflexión que compartí con los asistentes al encuentro en el icónico Palacio de la Autonomía en el centro histórico de Ciudad de México.

El concepto de autonomía refiere a la capacidad de orientarse por los propios propósitos, fines y principios; se manifiesta en el ejercicio responsable de la libertad, que no es otra cosa que elegir de forma consciente lo mejor para sí, para el otro y la comunidad. Esta conciencia del individuo que se desarrolla en comunidad solo es posible mediante la reflexión y el aprendizaje que lleva al conocimiento. De aquí se desprende un concepto de autonomía que junto a la libertad está en permanente desarrollo y es virtud tanto del individuo como de la comunidad y sus instituciones.

La autonomía universitaria es entonces el reconocimiento de la sociedad a sus universidades como el lugar privilegiado en donde se gestiona: se produce, reproduce y conserva el conocimiento. Gracias a la labor de la universidad en la construcción y preservación del conocimiento, la vida material y simbólica de las sociedades se ve ampliamente enriquecida.

He venido reiterando que el papel fundamental de la universidad es la formación de ciudadanos; formación que es intelectual al tiempo que ética y humana. Ello da a nuestros jóvenes, formados en el marco de currículos cada día más flexibles y adaptables, la capacidad de ser felices y socialmente responsables o, en otras palabras, más autónomos. Estudiantes y maestros en una relación dialógica formulan preguntas, cuestionando lo que existe y estableciendo nuevas relaciones y aplicaciones. Las respuestas a sus preguntas, sus innovaciones sociales, científicas y tecnológicas cobran sentido cuando el nuevo conocimiento se comparte y cuando la sociedad lo apropia para, de esta forma, mejorar la calidad de vida de las personas. Así, se expresan también la investigación y la proyección a las comunidades como parte de la misión universitaria.

En ocasiones, en el marco de la autonomía universitaria, algunas visiones reduccionistas tienden a negar la validez de los procesos de acreditación y reconocimiento de la calidad de las universidades, delineados y aplicados por instituciones externas a ellas. Frente a esto vale decir que la calidad es un deber ético de las universidades frente a sus comunidades y la sociedad. Así, los procesos de acreditación deben asumirse como estímulo a la actualización y mejora permanente de la institución. Además, estos procesos pueden ser modificables y adaptables en tanto que, como parte del ejercicio de la autonomía, las instituciones ejerzan liderazgos que sustentados en sus propias experiencias constituyan paradigmas de calidad.

De igual manera, como la autonomía se despliega en nuestras funciones misionales, la gestión del conocimiento que se realiza desde la universidad se encuentra siempre guiada por criterios de pertinencia social, antes que por criterios de rentabilidad y productividad, estos últimos propios del mercado. Así, incluso una importante labor universitaria como la de incentivar la cooperación con diversos actores, incluidos los sectores productivos, se desarrolla sin ningún tipo de subordinación institucional; siempre garantizando el trabajo conjunto y fortaleciendo nuestra identidad institucional.

Este complejo entramado, en donde aparecen: ética, calidad, investigación, formación e integración con las comunidades, constituye la red que da sentido a la autonomía universitaria, una red que se teje con la participación de múltiples actores y que es posible en tanto existe una comunidad fortalecida por su comunicación.

Así, hemos dicho que la universidad es el lugar de encuentro de las voluntades (de estudiantes, maestros, personal administrativo, egresados, empresa, gobierno y sociedad en general). Contrario a las visiones que ven en la autonomía una idea de aislamiento, para nosotros en la Universidad Nacional de Colombia ser más autónomos significa una mayor compenetración y comunicación con las comunidades, los territorios, los sectores productivos y el Estado.

Como consecuencia de esta idea de autonomía, que determina el ejercicio mismo de la libertad y la responsabilidad de los individuos que correlacionalmente conforman instituciones y comunidades, he aprovechado el seminario organizado por la UDUAL y acogido por la UNAM para, además de promover la reflexión sobre las tareas de la universidad, invitar a establecer y fortalecer cada vez más lazos de comunicación y de cooperación entre las instituciones de educación superior de la región. Estoy convencida de que el fortalecimiento común de las artes, las humanidades, la ciencia y la tecnología busca naturalmente la autonomía de nuestros estudiantes y maestros, de nuestras universidades y comunidades y, con ello, el beneficio de una América Latina más fuerte, más autónoma y más libre.

 * Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN