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¿Cómo volver a los campus universitarios?

Desde mediados del mes de marzo las instituciones de educación superior (IES) de todo el país cerramos los campus como medida preventiva frente a la emergencia sanitaria. Decididos a hacer de esta crisis una oportunidad para el aprendizaje y el cambio, hemos asumido la experiencia del trabajo y la educación en casa. Ahora, cuando algunos sectores han sido autorizados para iniciar su reapertura, cerca de tres millones de personas, entre estudiantes, profesores y administrativos de las IES del país, nos preguntamos cómo volver a los campus.

Las comunidades de la educación superior del país se caracterizan por su composición de jóvenes, que son el grupo etario que registra mayores contagios con SARS-CoV-2, y por adultos mayores de 60 años, que tienen la tasa más alta de mortalidad por el virus. Ante el reto de garantizar la salud y la vida de nuestras comunidades, y para que estas no se conviertan en nuevas cadenas de transmisión del virus en la sociedad, debemos promover la continuidad del confinamiento en todas las actividades académicas y administrativas que así lo permitan.

El análisis de la situación permite inferir que, en lo queda del año 2020, no podrá haber reuniones masivas; que en los espacios de trabajo se deberá mantener el distanciamiento social; y que ello amerita una redefinición de los aforos en lugares cerrados como aulas, laboratorios, cafeterías, bibliotecas y, en general, los espacios que enriquecen la vida universitaria. Este año no tendremos la forma de presencialidad a la que veníamos acostumbrados. Los cursos con mayores componentes teóricos continuarán virtualizados; aquellos cursos con un mayor componente práctico tendrán que ser priorizados en el momento en que sea posible abrir los campus, cumpliendo todos los protocolos de bioseguridad.

Garantizar los derechos a la vida, a la salud y a la educación de nuestras comunidades nos traerá enormes retos en los próximos meses. Con la reducción de ingresos que están enfrentando muchas familias se corre el riesgo de perder mucho de lo que ha avanzado nuestro país en cobertura y acceso a la educación superior. Cero deserción es la meta que debemos trazarnos como país, con la responsabilidad del Gobierno Nacional, los gobiernos locales y regionales y el conjunto de la sociedad. Algunas de las estrategias que debemos emprender y continuar donde ya las estamos aplicando son: subsidiar plenamente las matrículas de los estratos socioeconómicos 0, 1 y 2; flexibilizar las formas de pago para los demás estratos; generar nuevas becas y estímulos, y fortalecer los programas de bienestar estudiantil, de conectividad y de uso de las herramientas digitales dentro de una concepción integral de formación de ciudadanos responsables.

Las universidades continuaremos prestando soporte científico y académico para la atención de la pandemia, acompañando el diseño y producción de insumos médicos y hospitalarios, trabajando en la modelación epidemiológica y detección del virus y adecuando los hospitales universitarios para la atención de la emergencia. En los próximos meses será fundamental darles continuidad a estos trabajos y seguir fortaleciendo la cooperación entre las IES, el Gobierno Nacional y los gobiernos locales. En consecuencia, nuestras tareas de investigación y trabajo con las comunidades continuarán atendiendo a la pandemia y a la pospandemia, e impulsando el desarrollo y bienestar de las regiones del país. 

Más allá de los retos de tipo logístico y procedimental, debemos volver a los campus con los nuevos aprendizajes que esta crisis habrá hecho posibles. Debemos ser flexibles y estar abiertos a la incertidumbre y al cambio; debemos ser más conscientes de la importancia estratégica de la comunicación y de la transformación digital, no como digitalización de procesos, sino como un cambio cultural en donde el ser humano debe estar en el centro; debemos formar en el ser antes que en el tener, ser más eficientes en el uso y la gestión de los recursos, y, como país, ser más conscientes de la importancia central de la educación. De la mano de la ciencia, la tecnología y la innovación, la educación superior contribuye determinantemente a la calidad de la salud y al bienestar social, económico y cultural de nuestra población. 

Con todo esto aprendido, más una creciente consciencia del cuidado de sí mismo, del otro, de la comunidad y del medio ambiente, volveremos fortalecidos a los campus después de la crisis.

@DollyMontoyaUN

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.